Belleza · Joyería
Por qué me quitaba las joyas para todo (y por qué ya no)
Perdí unos pendientes en la playa y llegué a una conclusión equivocada: que era despistada. La conclusión correcta tardó un año en llegar.
El año pasado perdí unos pendientes en la playa. Los envolví en una servilleta para que no se llenaran de arena, los metí dentro de la zapatilla, y al recoger sacudí la toalla. Ni me di cuenta hasta la noche.
No era la primera vez. He dejado anillos en duchas de gimnasio. Una pulsera en la mesilla de un hotel de Valencia. Y llevo años con una bolsita en el bolso «por si acaso» me tengo que quitar algo.
Siempre pensé que era despistada
Es la conclusión lógica, ¿no? Pierdes cosas, luego eres despistada.
Hasta que un día me di cuenta de otra cosa. Nunca pierdo las gafas. Ni el móvil. Ni el reloj. Solo pierdo lo que me tengo que estar quitando todo el rato.
Haz la cuenta de un día cualquiera de verano:
- Quitártelo para la crema solar. Ponértelo.
- Quitártelo para el agua. Envolverlo en algo. Vigilarlo.
- Quitártelo para la ducha de la playa. Ponértelo.
- Quitártelo para fregar al llegar. Ponértelo.
Cada una de esas veces es una oportunidad de perderlo, de olvidarlo o de dejarlo donde no era. El problema no era mi cabeza. Es que mis joyas no estaban hechas para mi vida.
Por qué vivimos quitándonoslas
Casi toda la bisutería lleva un baño de oro finísimo sobre latón. Ese baño se desgasta con el agua del mar, con el cloro, con el sudor y con la crema. Por eso nos hemos entrenado durante años a quitárnoslo todo antes de vivir: no es una manía, es la única forma de que duren un poco más.
Y aun así acaban oscuras y en el cajón. Pagamos el peaje —quitar, poner, vigilar, perder— y ni siquiera funciona.
Existe justo lo contrario
Así llegué a Nuora, una marca española que hace joyas pensadas para no quitártelas nunca: oro de 18K aplicado por PVD sobre acero quirúrgico 316L, el mismo proceso que los relojes de lujo. Aguanta el mar, el cloro, la ducha y el gimnasio. No se decolora y no suelta níquel.
Me puse un collar en enero y me olvidé de él. En el buen sentido: piscina, mar, ducha, crema, dormir. Este verano ha sido el primero en quince años que no he llevado la bolsita a la playa.
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Por qué me fié
- Más de 5.300 chicas las llevan todos los días.
- Garantía de color de por vida: si se decolora, te lo cambian.
- Hipoalergénico: acero quirúrgico 316L, sin níquel liberado.
- 100% waterproof y resistente al sudor.
Lo que me preguntan siempre
¿De verdad puedo dormir, ducharme y bañarme con él?
Sí. Es exactamente para lo que está hecho. Mar, cloro, ducha, gimnasio, crema.
¿Y no se estropea con el tiempo?
El oro no va «apoyado» encima como en un baño normal: el PVD lo integra sobre el acero en cámara de vacío. Y si aun así se decolora, la garantía de color de por vida te lo cambia.
Tengo la piel muy sensible
La base es acero quirúrgico 316L, el mismo de los pendientes de primera postura. No libera níquel.
¿Es oro de verdad?
Es oro de 18K real aplicado por PVD sobre acero. No es oro macizo —ni cuesta lo que cuesta el oro macizo— pero está hecho para llevarlo puesto siempre, que es justo lo que la bisutería normal no aguanta.
La bolsita sigue en el bolso
Pero ya no me acuerdo de la última vez que la abrí. Si tú también vives quitándote las joyas para todo, prueba una sola pieza y no te la quites en un mes. Lo notas la primera semana.
Joyas waterproof de oro 18K PVD sobre acero quirúrgico.
Diseñadas para no quitártelas.
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